La desgarradora historia de una chica raptada y obligada a convertirse en esclava sexual.

17 Ene, 2017

Lamiya Haji Bashar es una joven de 18 años que ha sufrido lo indecible. Proveniente de la pequeña villa yazidí (religión minoritaria) de Kocho, en Irak, su vida cambio por completo cuando el Estado Islámico atacó, asesinando a los hombres; incluidos su padre y su hermano, a las mujeres casadas y a las niñas pequeñas. El resto de las mujeres que quedaron fueron llevadas a Mosul para convertirse en esclavas sexuales. Y fue ahí donde comenzó su tormento.

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Durante dos años estuvo privada de su libertad: a veces la forzaban a construir bombas suicidas y otras, era abusada sexualmente. Hubo una ocasión en la que la encerraron en una habitación con 40 hombres, que dispusieron de ella como quisieron.

A pesar de que intentó escapar en varias ocasiones, fue repetidamente golpeada como castigo. Un juez yihadista la amenazó con cortarle ambos pies para que dejara de tratar, al igual que a otras jóvenes aterradas que la acompañaban. Sin embargo, Lamiya se mantuvo firme al decirle que jamás se rendiría. Al final conservo sus pies, pero la vendieron a un hombre distinto, quien le dio un teléfono con el cual pudo llamar a uno de sus tíos. Cuando finalmente tuvo otra oportunidad de escapar, se puso de acuerdo con otra joven y una niña de 9 años para atravesar un campo minado hacia la frontera de Kurdistán.

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Desgraciadamente, sus compañeras perdieron la vida al pisar una mina y ella resultó gravemente herida. A día de hoy, tendrá que vivir con profundas cicatrices en el rostro como precio de su libertad. Apenas llegar a la frontera, fue trasladada a un hospital y reunida con su familiar. Poco después salió del país en un avión de Air Bridge Iraq con destino a Alemania, gracias a una ONG que se dedica a ayudar a las víctimas del Medio Oriente.

Sin embargo, no deja de tener pesadillas con la violencia que sufrió. Su misión ahora, es ayudar a las mujeres y niños que se han visto atrapados en los conflictos del Estado Islámico.

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Lamiya acaba de recibir el prestigioso premio Sakharov de Derechos Humanos; entregado por la Unión Europea, junto a Nadie Murad, otra joven que ha vivido en carne propio los horrores de la guerra en Medio Oriente. Sus historias son tan solo un par de las muchas que tristemente, están ocurriendo en la actualidad.