Este hombre se enamoró de su paciente y al morir, siguió conviviendo con su cadáver.

24 Abr, 2017

En 1877, nacía en Dresden, Alemania, el doctor Carl Tanzler, quien poco después de la Primera Guerra Mundial, emigró hasta Zephyrhills, Florida. En 1920, él ya estaba casado y tenía dos hijos. En Estados Unidos, aceptó el puesto como técnico radiólogo en Key West; lugar donde trabajo principalmente para la marina estadounidense.

Ahí, se daba a conocer como el Conde Carl von Cosel.

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Lo que nadie sabía era que de joven, Tanzler había tenido la visión de una hermosa muchacha de cabellos oscuros, supuestamente destinada a convertirse en el amor de su vida. Fue por eso que la visita en el hospital de la paciente de origen cubano, María Elena Milagro de Hoyos, lo impresionó de honda manera.

La muchacha, nacida en 1909 e hija de un fabricante de cigarros, convenció al doctor de que su sueño se había hecho realidad. Lamentablemente, la joven había sido diagnosticada con tuberculosis y a pesar de todos los esfuerzos de Tanzler por salvarla, terminó falleciendo.

Hasta entonces, el médico no solo la había tratado en su casa con diversos elixires y tónicos, sino que también le había llevado obsequios y declarado su amor varias veces. Tanto él como su familia quedaron devastados. Fue en ese momento cuando Tanzler pidió autorización para construir un mausoleo en honor de María Elena.

Su cuerpo fue trasladado en 1931, pero nadie reparó en que Tanzler conservó la llave.

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En Octubre de 1933, el cadáver se trasladó de su sepultura a un avión modificado para fungir como laboratorio por Tanzler. Ahí, se dio a la tarea de mantenerlo tan intacto como le fue posible, usando cables y perchas para sostener su esqueleto, y yeso parisino y ojos de cristal para conservar su rostro.

Los perfumes y desinfectantes se encargaban de ocultar el olor a descomposición.

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Finalmente, Tanzler fue arrestado en 1940, cuando la familia de María Elena echó en falta sus restos del mausoleo. Un examen psiquiátrico reveló que no estaba en perfectas condiciones mentales para frontar un juicio. No obstante, la policía lo liberó alegando que los estatutos de su crimen habían expirado.

Lo único que dejó detrás de sí, fue esta macabra historia que lo volvería tristemente célebre.